Independencia.
Una de mis palabras favoritas, y no por cómo suene, sino por lo que significa. Amo sentirme independiente y por lo tanto odio la dependencia. Odio ver a gente que no es capaz de seguir con su vida cuando otra persona no hace lo que esperaba. Amo tener tiempo para mí, alejarme de todo el mundo y no pensar en nadie que no sea yo. Y sí, suena extremadamente egoísta, pero es lo que hay.
Conforme pasa el tiempo más me doy cuenta de que soy incapaz de vivir atada a otra persona, me negaba a tener una relación y lo peor de todo es que ahora, recién empezando una, me sigo viendo incapaz. Tengo muchísimo miedo al compromiso, tal vez sea eso y lo demás sea solo para ocultarlo. La constante aceptación de mi "egoísmo", las luchas diarias en contra de las personas dependientes, las reivindicaciones de mis derechos como persona y como mujer, mi, poco a poco creciente, feminismo. Todo ello puede ser resultado del miedo atroz que siento al compromiso. Tengo miedo de dañar a otras personas porque sé que si la relación en la que me estoy metiendo acaba mal, no será para mí.
Es cierto que no llevo mucho tiempo, es más, sólo una semana. Pero me siento caer en un abismo cuando pienso que todo esto se puede alargar a un año, y me ahogo al pensar que él piensa en mi como algo a largo plazo. Ha habido momentos en los que me he llegado a odiar, a reconocerme como la mala de la película que juega con los sentimientos de los demás, pero os juro que yo soy incapaz de tener ese sentimiento de posesión, no sé si es una virtud o un defecto el hecho de que no sienta celos, de que me dé exactamente igual lo que haga durante el día.
Llevo semanas sin escribir y hay tantas cosas en mi cabeza que creo que al final me voy a hacer un lío. Quería hablar de la independencia, del miedo a las relaciones, de la soledad, de los ataques de ansiedad, de la universidad, de lo aterrada que estoy por mudarme, de tantas cosas que no tengo tiempo material para ello. Pero sobre todo quería hablaros de ese cambio, el hecho de tener novio por primera vez en mis dieciocho años. Sí, nunca he tenido uno y siempre estoy hablando de mi odio hacia ello. Pienso que eso tal vez sea una de las razones por las que dije que sí, es decir, si critico algo me gusta conocerlo y me duele decirlo porque suena asquerosamente frívolo, pero es así.
Tampoco me crucifiquéis...
Voy a hacer un paréntesis porque lamentablemente detrás de esa frase quería escribir algo bonito, quería poner que conforme pasan los días me gusta más pero sería engañaros a vosotros y engañarme a mí misma porque soy jodidamente incapaz de ver el lado bueno de las cosas y es algo de lo que no me siento orgullosa. Odio mi pesimismo, soy muy exagerada a la hora de posicionarme en según qué opiniones y yo ya tenía la mía demasiado desarrollada como para cambiarla ahora.
Supongo que con tiempo y paciencia todo cambiará, pero eso habrá que verlo.
Muchos besis para todos.
- Alicia -

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